¿Quieres jugar conmigo?




¿Quieres jugar conmigo?

Va, por favor...

¿Quieres jugar?

Juega conmigo...

Mírame, no te hagas el indiferente.
Sé que te sientes solo, al igual que yo, pero que te da miedo jugar a este juego en el que el primero que se enamora, pierde. 
Y no sabes si lo que te da más miedo es perder o ganar, 
porque si ganas tendrás que sobrevivir con la culpa de mi herida y tú no quieres ser la cicatriz de ningún tropiezo. 
Por eso prefieres quedarte aquí, observando cómo juegan los demás.
Sin arriesgarte, sin atreverte...

¡Pero mírame, por favor! Quiero que juegues conmigo.
Prometo no culparte si eres tú el que acaba ganando.
Prometo que aceptaré que fui yo la que te dijo que quería jugar.
Pero no te quedes ahí mirándome como si te resultase inexistente...
Porque he visto lo que se esconde tras esa fachada.
He desnudado todos tus miedos y sé que quieres jugar. 
Así que no pongas más excusas, dame la mano.

Levántate.

¡Quiero jugar!

Juguemos a querernos hasta que sea una realidad.

Y si la realidad no es como nos gustaría que fuese...

Siempre estaremos a tiempo de decir que siempre supimos que solo estábamos jugando.


ho_VogLio_di_te
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Quédate



Quédate, quédate esta noche.

Prometo mañana dejarte ir, pero quédate.

Jamás imaginé sentir algo así por nadie.

Quiero perderme en ti.

Quiero que te quedes a mi lado
porque contigo ya no existen mis miedos.

Me veo reflejada en ti, en tu mirada,
en esos ojos verdes que me enloquecen
y me pierden en noches de lujuria y de placer.

Desde que te conozco solo pienso en besarte
y hacerte el amor hasta que amanezca
y después volvamos a ver anochecer.

Porque nunca he tenido tantas ganas de quitarle las agujas al reloj con nadie,
como contigo.

Ven quédate. 

Prométeme que cuando los días sean grises y lluviosos nos escaparemos en busca del sol.

Prométeme que nunca nos vamos a rendir a la idea de vivir una vida en escala de grises.

Ven, prométeme que no nos importará donde ni cuando,
ni cuánto tiempo tardemos,
pero que no pararemos hasta encontrarlo.

Ven... Quédate.






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Somos del verbo volver a ser dos completos desconocidos



Dicen que el verdadero amor es el que todo lo aguanta y el que todo lo puede.
Yo creo que es esa mirada que se te queda grabada y con la cual no sabes que hacer.
Dos miradas desconocidas que no se dicen nada, pero que se dicen todo.
Dos completos desconocidos que no se deben nada, pero que no se quieren perder.

Dicen que el amor crece con el tiempo, yo digo que el tiempo crece con el amor.
Paramos los segundos en miradas y guardamos tiempos eternos en nuestro corazón.

Creo que no es lo que más dura, sino lo que con más intensidad se vive.
Que hay amores que dejan huellas imborrables,
amores fugaces que no se consiguen olvidar,
historias que dejan grandes cicatrices y canciones que nunca se terminan de cantar.
Hay historias que duran años, se terminan y se olvidan fácilmente.
Y otras son historias cortas, efímeras pero se recuerdan eternamente.

A veces basta solo una mirada, unos segundos para enamorarse de alguien, así sin más.

Lo nuestro fueron dos segundos, un cruce de miradas y saber que ya no podríamos volver a ser el uno sin el otro.
Saber que a pesar de todas las circunstancias nuestro amor crecería a la par que carecería de sentido.
Saber que lo nuestro dolería desde el principio, pero aún así arriesgarnos a vivir sufriendo.

Pero dime...
¿Qué es la vida, si no duele?
¿Qué es el amor, si no carece de sentido?
¿Qué son las miradas, si no dicen nada?
¿Qué es la nada, si no lo dice todo?

Sé que los dos sabemos que acabaremos siendo dos completos desconocidos y que los dos pensaremos en el otro cuando escribamos  el verbo doler.

Que nuestros caminos se bifurcaran, y ese estallido en mitad del pecho al final disminuirá.
Pero también sé que el hilo que nos une nunca lo conseguiremos deshacer.

Cuenta la leyenda que las almas gemelas son antiguos amantes que no pudieron dar vida a su amor, almas que aunque no lo sepan, anhelan reencontrarse.
Seres que están unidos por el hilo rojo del destino.

Quizás en esta vida no está predestinado a suceder, quizá nos queda mucho aprendizaje y mucho camino por recorrer.

Pero algo me dice que volveremos a vernos.
Quizás en otro cuerpo y en otra piel.

Un día llegará alguien, cruzaremos nuestras miradas y nos preguntaremos si creemos en el amor.
Si alguna vez hemos sentido el mundo del revés.
Y si creemos en la posibilidad de otros tiempos, de que existan otras vidas.

Y entonces, solo entonces, sonreiremos y recordaremos el momento en que todo comenzó.
Sabremos el tiempo y el lugar exacto en que nos conocimos y es ahí cuando estaremos preparados para vivir(nos).





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Chico de verde






Eres las ganas de todo, pero todo contigo.

El siempre del adverbio siempre quiero más.

Las ganas de verte que te quiero verde.

La estrella que no miro por miedo a que se vuelva fugaz.

Eres el verbo vivir del tiempo verbal presente, sin importarme que existan otros tiempos verbales.

Eres el me sobran las ganas y me faltan los motivos.

El beso de despedida que nunca dice adiós.

Eres el verso que siempre escribo pero que nunca dejo leer.

El quiero pero no debo y el debo pero no puedo.

Eres el no puedo perder el control, pero me pierden las ansias por sentir(te).

El estallido en mitad del pecho que te pone el mundo del revés.

Eres la manzana prohibida que nos dejó sin Edén, pero que no me importa morder si hacerlo significa arder en tu infierno.

Eres esa pregunta que no tiene respuesta.

Eres ese misterio que no sé si algún día resolveré.

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¿Alguna vez...?



¿Alguna vez has sentido un amor de esos que no se pueden controlar?
Una atracción inevitable que desemboca en su mirada...
Un estallido en mitad del pecho, poniendo el mundo del revés...
El corazón a punto de descarrilar...
Los latidos tan fuertes que no hay escala que pueda medir su intensidad...

¿Alguna vez has sentido una sensación de conocer a alguien desde siempre, y a pesar de no conocerlo de nada, saber todo de él?

¿Alguna vez has sentido que alguien haga tambalear tu mundo sin ni siquiera tocarte, que te erice la piel solo con el roce de su voz?

¿Alguna vez has sentido algo así tan fuerte, algo que ni tú mismo puedes llegar a comprender, algo que no puedes controlar?

Una fuerza sobrenatural que te atrae, un imán que te lleva en una única dirección...

¿Alguna vez has sentido algo así?

Algo como...
No poder respirar y de repente inhalar todo el amor del mundo.

¿Alguna vez has sentido algo así?

Yo solo cuando lo conocí a él.


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Foto: @en_la_sombra_de_mi_corazon
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No te conozco




No conozco tus virtudes ni tampoco tus defectos.
No sé que estás haciendo ahora mismo ni como te va la vida.
No sé si vives en pareja,
si estás casado o si tienes hijos.
No sé a qué te dedicas.
Si eres feliz.
Si sonríes.
Si disfrutas de la vida.
No conozco tus miedos ni tus sueños.
Ni tus costumbres, ni tus aficiones.
No sé nada de ti.
Ni sé el camino que tomarás para llegar hasta a mi.
Pero tengo la absoluta certeza que al final nos encontraremos...
Quizá nos crucemos en un ascensor, en la cola del súper o quizás un día te sirva un café, tú sonrías y en ese preciso instante sepa que eres tú.
No sé cuándo llegará ese momento.
Pero aquí te espero. Con más ganas que nunca de vivir.
Disfrutando de la vida, de cada uno de mis días.
Hasta que mis días sean los nuestros.



ho_VogLio_di_te
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El desapego





No creo que se olvide a nadie en un abrir y cerrar de ojos. 
No creo en ello.
Es más, pienso que realmente nunca olvidamos a las personas, solamente nos acostumbramos a vivir sin ellas. 
Cuando llega el desapego y debes decir adiós a alguien que, aunque trates de negártelo a ti mismo, todavía quieres...
Cuando te has de desapegar de esa persona, lo más fácil es parchear. Poner vendas a una herida que necesita cicatrizar por sí misma.

Hablar con otra persona todo el tiempo y así olvidarte de cuanto te duele que no sea él, es como levantarte y salir corriendo cuando estás tan herido que la lesión te impide correr. 
Y sí, podrás hacerlo durante unos minutos, pero al final caerás y el dolor será mucho más intenso.
Esa es la opción fácil para salir de eso.
Empezar algo con alguien que se mezclaría con lo que todavía sientes por esa persona. Y sin querer harías comparaciones, porque muchas cosas te recordarían a él. Y todos sabemos que las comparaciones son odiosas, porque cada ser es único e inigualable.


Creo que deberíamos partir de ahí...
De escuchar a nuestra voz interior.
Aceptar la realidad  y no negar los sentimientos que todavía permanecen en nosotros. 
Pero eso creo que tienes que hacerlo solo, porque las voces de tu alrededor no te dejan escuchar. Ausentarte durante un tiempo para lidiar con tus conflictos interiores.
Prestarte más atención a ti mismo y dedicarte solo a ti hasta que la herida cure.
Y entonces, solo entonces, estarás preparado para empezar de nuevo.


ho_VogLio_di_te
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