Va, por favor...
¿Quieres jugar?
Juega conmigo...
Mírame, no te hagas el indiferente.
Sé que te sientes solo, al igual que yo, pero que te da miedo jugar a este juego en el que el primero que se enamora, pierde.
Y no sabes si lo que te da más miedo es perder o ganar,
porque si ganas tendrás que sobrevivir con la culpa de mi herida y tú no quieres ser la cicatriz de ningún tropiezo.
Por eso prefieres quedarte aquí, observando cómo juegan los demás.
Sin arriesgarte, sin atreverte...
¡Pero mírame, por favor! Quiero que juegues conmigo.
Prometo no culparte si eres tú el que acaba ganando.
Prometo que aceptaré que fui yo la que te dijo que quería jugar.
Pero no te quedes ahí mirándome como si te resultase inexistente...
Porque he visto lo que se esconde tras esa fachada.
He desnudado todos tus miedos y sé que quieres jugar.
Así que no pongas más excusas, dame la mano.
Levántate.
¡Quiero jugar!
Juguemos a querernos hasta que sea una realidad.
Y si la realidad no es como nos gustaría que fuese...


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