Dicen que el verdadero amor es el que todo lo aguanta y el que todo lo puede.
Yo creo que es esa mirada que se te queda grabada y con la cual no sabes que hacer.
Dos miradas desconocidas que no se dicen nada, pero que se dicen todo.
Dos completos desconocidos que no se deben nada, pero que no se quieren perder.
Dicen que el amor crece con el tiempo, yo digo que el tiempo crece con el amor.
Paramos los segundos en miradas y guardamos tiempos eternos en nuestro corazón.
Creo que no es lo que más dura, sino lo que con más intensidad se vive.
Que hay amores que dejan huellas imborrables,
amores fugaces que no se consiguen olvidar,
historias que dejan grandes cicatrices y canciones que nunca se terminan de cantar.
historias que dejan grandes cicatrices y canciones que nunca se terminan de cantar.
Hay historias que duran años, se terminan y se olvidan fácilmente.
Y otras son historias cortas, efímeras pero se recuerdan eternamente.
A veces basta solo una mirada, unos segundos para enamorarse de alguien, así sin más.
Lo nuestro fueron dos segundos, un cruce de miradas y saber que ya no podríamos volver a ser el uno sin el otro.
Saber que a pesar de todas las circunstancias nuestro amor crecería a la par que carecería de sentido.
Saber que lo nuestro dolería desde el principio, pero aún así arriesgarnos a vivir sufriendo.
Pero dime...
¿Qué es la vida, si no duele?
¿Qué es el amor, si no carece de sentido?
¿Qué son las miradas, si no dicen nada?
¿Qué es la nada, si no lo dice todo?
Sé que los dos sabemos que acabaremos siendo dos completos desconocidos y que los dos pensaremos en el otro cuando escribamos el verbo doler.
Que nuestros caminos se bifurcaran, y ese estallido en mitad del pecho al final disminuirá.
Pero también sé que el hilo que nos une nunca lo conseguiremos deshacer.
Cuenta la leyenda que las almas gemelas son antiguos amantes que no pudieron dar vida a su amor, almas que aunque no lo sepan, anhelan reencontrarse.
Seres que están unidos por el hilo rojo del destino.
Quizás en esta vida no está predestinado a suceder, quizá nos queda mucho aprendizaje y mucho camino por recorrer.
Pero algo me dice que volveremos a vernos.
Quizás en otro cuerpo y en otra piel.
Un día llegará alguien, cruzaremos nuestras miradas y nos preguntaremos si creemos en el amor.
Si alguna vez hemos sentido el mundo del revés.
Y si creemos en la posibilidad de otros tiempos, de que existan otras vidas.
Y entonces, solo entonces, sonreiremos y recordaremos el momento en que todo comenzó.
Sabremos el tiempo y el lugar exacto en que nos conocimos y es ahí cuando estaremos preparados para vivir(nos).


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